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Natalio Martín: Barcelona, con “B” de Barrio

Natalio Martin BCNSmile Barcelona
Escrito por BCNSmile

 

Natalio Martín es un diseñador y artesano del calzado, de origen andaluz y residente en Barcelona desde hace algunos años. Ha trabajado con algunos de los diseñadores más efervescentes del panorama nacional de la moda. Acaba de publicar su libro “Patronaje y confección de calzado” que ya han bautizado como la nueva biblia del zapatero moderno. Foto: Pere Tordera

Hace 8 años que vivo en Barcelona. Lo que siempre me llamó la atención de esta ciudad fue su ubicación privilegiada, en la que el Mediterráneo te sirve de referencia, el horizonte de válvula de escape y las montañas (Montjuic, Tibidabo y Collserola) de guardaespaldas. Llegué a comienzos de la época estival y recuerdo ese verano como uno de los más increíbles de mi vida… y es que desde que arranca la primavera, las calles de Barcelona se convierten en el escenario ideal para el disfrute de los sentidos de residentes y visitantes.

Esta ciudad es una extraña combinación: es muy europea para ser ibérica, pero muy mediterránea para ser una capital del viejo continente. Lo primero se nota en el ritmo de vida, en la idiosincrasia de su gente y sobre todo en su sensibilidad hacia el arte en general; en particular hacia la arquitectura, el diseño, las artes plásticas, la música, etc. Lo segundo, se aprecia en la deliciosa cocina, en el espíritu canalla, en los mercadillos y negocios con solera y en el trasiego de sus barrios más pintorescos que conservan la esencia de pueblo mediterráneo.

Tengo la suerte de vivir y trabajar en uno de esos barrios, que en su día fue pueblo y que desde 1897 conforma uno de los diez distritos en que se divide la ciudad. La Vila de Gràcia guarda mucho de su ADN pero ha sabido sumar a su carácter algunas de las tendencias más variopintas. Hoy es cuna de hipsters, veguis y yoguis. Sus callejuelas están plagadas de talleres que, como el mío, recuperan artes y tradiciones de antaño. Por contra, la tecnología y las mentes emprendedoras se apoderan de oficinas con estilo y proyectos de co-working y rescatan espacios para dotarlos de vida y gente con grandes ideas.

Gràcia es un lugar ideal para los amantes de la cocina donde conviven restaurantes con estrella Michelín (de las de antes), cómo el Botafumeiro, con otros de comida casera (de la de verdad), como Can Punyetas, nuevas referencias de la cocina fusión como la Panxa del Bisbe, La Pepita o Casa Gràcia y sitios de culto para el vermut, como la Bodega Quimet o La Vermutería del Tano.

A todo esto hay que sumarle las décadas de historia que siguen latentes en su callejero. En una de sus plazas más discretas, la del Raspall, la comunidad gitana hizo su lugar de encuentro a mediados del siglo pasado y se dieron cita muchos de los nombres destacados de la Rumba catalana, como Antonio González “El Pescaílla”. En el subsuelo de otra plaza, la del Diamant, se encuentra uno de los 1.400 refugios antiaéreos que se construyeron en Barcelona durante la Guerra Civil para proteger a la población.

La arquitectura de esta zona también refleja su evolución y las pequeñas casitas de dos plantas se mezclan grandes edificios de diferentes estilos. Una amalgama equilibrada que da cobijo a joyas como la modernista Casa Viçens, el primer pequeño-gran proyecto de Gaudí tras licenciarse en arquitectura.

Es evidente que Gràcia es mi casa pero es cierto que Barcelona tiene otros distritos en los que aún es posible combinar la vida de barrio con planes alternativos. En Poble Sec, por ejemplo, el terraceo ofrece posibilidades infinitas y el fin de semana da para subir al Castillo de Montjuic y disfrutar del “Cinema a la fresca”, disfrutar del Cabaret o una noche de Jazz en el renovado Molino de Paral·lel o de una fiesta electrónica a la luz del día en los famosos “picnics electrónicos” de Montjuic. Tampoco pierdo de vista la zona de Sant Antoni, uno de mis lugares favoritos para hacer el brunch o tomar el vermut.

Finalmente, el Barrio de Poblenou, a orillas del mar y de origen industrial, algo así como “el Manchester catalán”, aspira a convertirse en el nuevo distrito tecnológico y cultural. Salir de paseo y tapear por su Rambla es un must, pero también disfrutar de un día en su playa, el Bogatell, visitar el mercado de Palo Alto, explorar el Museo del Diseño, asistir al Teatro Nacional de Cataluña y, para los más curiosos, realizar una visita guiada por el fotogénico Cementerio del Poblenou.

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